La comunidad rumana en España no se parece a ninguna otra, y no por su tamaño. Es la que lleva más tiempo asentada y la única grande que está menguando: de casi 900.000 personas en 2012 ha pasado a poco más de 600.000, y los datos del INE siguen registrando más salidas que entradas.
Eso significa que quien se ha quedado, se ha quedado de verdad. Veinte o veinticinco años, hijos escolarizados aquí, muchos ya con nacionalidad española y nietos que no hablan rumano en casa. Y ahí aparece una pregunta que hace quince años no se hacía nadie.
La decisión que antes era automática
Hace dos décadas la respuesta estaba clara: uno se entierra en el pueblo, junto a sus padres. Hoy no tanto, porque enterrar en Rumanía significa que la tumba queda a 3.000 kilómetros de los únicos que irían a visitarla.
Es una conversación incómoda y por eso casi nunca se tiene. El problema es que, si no se ha hablado antes, la familia tiene que decidirlo en cuarenta y ocho horas, discutiendo entre hermanos, con un presupuesto delante y sin saber qué habría querido la persona.
Lo que más suele doler después no es haber elegido mal, sino haber tenido que elegir a toda prisa. Dejarlo dicho por escrito, aunque sea en una nota, ahorra a los hijos una discusión en el peor momento de sus vidas.
El papeleo, esta vez, es la parte fácil
Aquí Rumanía juega con ventaja. Firmó el Convenio de Berlín de 1937 y forma parte del Acuerdo de Estrasburgo de 1973, los dos tratados que armonizan el traslado de cadáveres entre países. La consecuencia práctica es que basta con un único documento, el salvoconducto mortuorio, que expide Sanidad Exterior.
No hace falta pedir una autorización de entrada por separado, que es lo que complica y encarece los traslados hacia destinos que no firmaron esos convenios. Según el procedimiento del Ministerio de Sanidad, para obtenerlo hay que aportar el certificado médico de defunción, el certificado del Registro Civil o la licencia de enterramiento, el certificado de embalsamamiento o conservación transitoria y, si la muerte está judicializada, la autorización del juzgado.
El cuerpo tiene que viajar embalsamado y en un féretro apto para traslado internacional. Eso no es negociable y va igual por carretera que por avión.
Carretera o avión
La mayoría de los traslados a Rumanía se hacen por carretera, y no por falta de medios sino porque tiene sentido. Hay empresas funerarias que cubren la ruta con regularidad en vehículos autorizados para transporte fúnebre internacional, y el precio es sensiblemente menor que el del avión.
La contrapartida es el tiempo: son unos 3.000 kilómetros y el viaje se va a tres o cinco días según de dónde salga y adónde llegue. El avión recorta ese plazo, pero cuesta más y rara vez resuelve el último tramo: desde Bucarest, Cluj o Timisoara casi siempre queda carretera hasta el pueblo.
En conjunto, un traslado a Rumanía suele moverse en una horquilla más contenida que los destinos transoceánicos, pero sigue siendo un desembolso de varios miles de euros que hay que reunir en pocos días.
El velatorio de tres días es el problema que nadie te cuenta
Esta es la parte que descoloca a las familias y que ningún presupuesto menciona. El velatorio ortodoxo tradicional, el priveghi, dura tres días con el cuerpo presente en la casa, con la vela encendida junto al difunto y la comunidad pasando a despedirse.
Cuadrar eso con un traslado por carretera de tres a cinco días es sencillamente imposible. La familia se encuentra ante tres salidas, y ninguna es buena:
- Hacer el velatorio en España, donde está la familia cercana pero no el pueblo
- Esperar a que el cuerpo llegue y hacerlo allí, con los días de más que eso supone
- Duplicarlo, una despedida aquí y otra allí, que es lo que muchas acaban haciendo y lo que dispara el coste
Conviene saberlo antes, porque cambia la cuenta. Si en tu cabeza la repatriación incluye una despedida en condiciones a los dos lados, el importe que hay que cubrir no es el del traslado, es bastante más.
Qué decide realmente tu póliza
Un seguro de decesos con repatriación se encarga del dinero y de las gestiones, y la familia no adelanta nada. Pero en el caso rumano hay una cláusula que importa más que todas las demás.
La flexibilidad. Algunas pólizas cubren lo que se declaró al contratar y punto. Otras permiten que la familia decida en ese momento entre servicio en España o repatriación. Justo cuando la decisión ya no es automática, poder cambiarla vale más que unos euros de prima.
Y si eliges la opción más barata de las dos, pregunta qué pasa con la diferencia. En la mayoría de las pólizas no se devuelve nada: se presta el servicio, no se entrega el dinero.
Además de eso, conviene mirar:
- Que Rumanía figure como destino en las condiciones particulares, sobre todo si el asegurado ya tiene nacionalidad española y nadie se acordó de declararlo
- El límite económico del traslado, y si cubre solo el transporte o también el servicio funerario en destino
- Si hay periodo de carencia para fallecimiento por enfermedad
- Hasta qué edad se puede dar de alta a los padres, que suelen ser la urgencia real
Merece la pena revisar también una póliza antigua aunque la repatriación esté incluida. Las coberturas del ramo se han ampliado mucho en los últimos años, desde el apoyo psicológico para la familia hasta la gestión de la huella digital del fallecido, y lo que se contrató en 2010 se ha quedado corto.
El caso inverso: fallecer estando en Rumanía
Aquí hay un punto ciego del que casi nadie avisa. Muchas familias rumanas pasan veranos largos o temporadas enteras en el pueblo, y algunos jubilados están más tiempo allí que aquí.
Si el fallecimiento ocurre en Rumanía, muchas pólizas españolas no cubren nada: están pensadas para trasladar desde España hacia el país de origen, no al revés ni para prestar el servicio allí. Si los hijos viven en España y quieren enterrarlo aquí, el traslado de vuelta puede quedar íntegramente a cargo de la familia.
Es una pregunta concreta que hay que hacerle a la compañía, y la respuesta no es la misma en todas.
Lo mínimo que conviene dejar resuelto
No hace falta organizarlo todo. Con dos cosas por escrito se evita casi todo el problema: dónde quiere ser enterrada la persona y dónde está la póliza, con el teléfono de la compañía. Hay familias que descubren semanas después que había un seguro contratado, cuando ya lo habían pagado todo de su bolsillo.
Preguntas frecuentes
¿Es complicado el papeleo para llevar a un fallecido a Rumanía?
Menos que hacia otros destinos. Rumanía firmó el Convenio de Berlín de 1937 y forma parte del Acuerdo de Estrasburgo de 1973, así que basta con el salvoconducto mortuorio que expide Sanidad Exterior. No hay que pedir una autorización de entrada aparte al consulado rumano.
¿Cuánto se tarda en llevar el cuerpo a Rumanía por carretera?
Entre tres y cinco días, según el punto de salida en España y el destino en Rumanía. Son cerca de 3.000 kilómetros y hay empresas funerarias que cubren la ruta con regularidad. En avión es más rápido, pero desde el aeropuerto rumano suele quedar todavía un trayecto por carretera.
¿Puedo elegir en el momento entre enterrar en España o repatriar?
Depende de cómo esté redactada la póliza. Algunas dejan decidir a la familia en ese momento y otras cubren solo lo que se declaró al contratar. Conviene comprobarlo antes, porque es justo lo que muchas familias necesitan poder cambiar.
Si el fallecimiento ocurre en Rumanía, ¿cubre algo la póliza española?
No siempre, y es un punto que se pasa por alto. Muchas pólizas contemplan la repatriación desde España hacia el país de origen, pero no el caso inverso ni el servicio funerario prestado allí. Si se pasan temporadas largas en Rumanía, hay que preguntarlo expresamente.
¿Es obligatorio embalsamar el cuerpo para el traslado?
Sí. La normativa española exige que el cadáver esté embalsamado o conservado transitoriamente y colocado en un féretro adecuado para el traslado internacional, sea por carretera o por avión.