Darse de baja es sencillo: un escrito, un mes de antelación al vencimiento y listo. Lo que no es sencillo es lo que viene después, porque el seguro de decesos es de los pocos donde la puerta de salida y la de entrada no están al mismo precio. Se sale al precio de hoy y se vuelve al precio de la edad que tengas entonces.
Antes de firmar nada, esto es lo que hay que tener claro.
Lo que dejas atrás
Si tu póliza es de prima nivelada, que es lo habitual en decesos, has estado pagando de más durante los primeros años a cambio de pagar de menos en los últimos. Ese exceso se acumula en una provisión que la compañía guarda para sostener tu cuota cuando envejezcas.
Esa provisión no es dinero tuyo. No se rescata, no se traslada y no se devuelve al darte de baja: es una obligación contable de la aseguradora, no un saldo a tu nombre. Dicho de otro modo, si llevas veinticinco años pagando, la parte que pagaste por adelantado para tu vejez se queda donde está.
Con la antigüedad hay un matiz que conviene entender, porque no es lo mismo darse de baja que cambiar de compañía. Si cancelas sin más, los años que llevas pagados se quedan en esa póliza y no van a ninguna parte. Si lo que haces es moverte a otra aseguradora con alguien negociando por ti, la antigüedad es una de las condiciones que se ponen sobre la mesa, y lo contamos en si se puede cambiar el seguro de decesos de compañía.
El precio de volver
Esta es la parte que se subestima. Una póliza de decesos se tarifica por la edad de entrada, y la curva no es suave: la diferencia entre contratar a los 50 y contratar a los 75 no es de un poco, es de mucho. Si te das de baja a los 60 pensando que ya lo retomarás más adelante, lo que estás haciendo es comprometerte a pagar la prima de un señor de 75 cuando llegue el momento.
Y hay un escenario peor, que es no poder volver. Con la edad muy avanzada o con determinadas situaciones de salud, algunas compañías directamente no admiten la contratación.
Las carencias empiezan de cero
Al contratar una póliza nueva vuelve a haber periodo de carencia, es decir, meses durante los cuales el fallecimiento por enfermedad todavía no está cubierto del todo. Quien lleva veinte años asegurado no tiene carencia ninguna; quien acaba de contratar, sí. Entre la baja y la nueva póliza puede abrirse un hueco de meses en el que estás pagando y no estás cubierto.
Qué probar antes de la baja
Casi siempre que alguien quiere darse de baja, el motivo real es que la prima le parece cara. Y para eso hay salidas intermedias que no obligan a tirar por la borda lo pagado:
- Ajustar el capital. Si en su día se contrató un servicio muy completo, se puede bajar a uno más contenido y la prima baja con él, sin perder antigüedad
- Revisar la modalidad. No todas las pólizas son niveladas: las hay de prima natural y mixtas, y el reparto entre lo que pagas hoy y lo que pagarás mañana cambia bastante entre unas y otras
- Comprobar si está duplicado. Ocurre más de lo que parece: una póliza contratada por los padres para toda la familia y otra que se firmó después con el banco. Pagar dos no da doble servicio, solo da doble recibo
- Ampliar lo que no cubre. Si el problema es que la póliza se ha quedado corta para lo que vas a necesitar, por ejemplo repatriar el cuerpo a otro país, la solución es ampliarla o llevarla a una compañía que lo contemple, nunca quedarse sin nada
Que las cuentas las haga alguien antes
La decisión depende de tres datos que están en tu propia póliza: la edad, el tipo de prima y los años que llevas pagando. Con eso se sabe si darte de baja te ahorra dinero de verdad o si solo te lo ahorra este año y te lo cobra con creces dentro de diez.
Esa cuenta te la hacemos nosotros. Mándanos la póliza y te decimos qué pierdes exactamente al cancelar, qué alternativas tienes dentro de tu propia compañía y si hay algo mejor fuera. Si ya eres cliente de ATALAYA BROK, pídenoslo. Si todavía no lo eres, puedes unirte y lo miramos gratis antes de que se te pase el plazo.