Quien pasa de un piso a una casa unifamiliar suele contratar el seguro de hogar de la misma forma que lo hacía antes: da los metros, acepta el capital que le propone el comparador o la oficina y firma. El problema es que un chalet no es un piso con más superficie, sino un riesgo distinto. Tiene elementos que en un piso no existen, un capital que casi nadie calcula bien y unas exclusiones que solo aparecen el día del siniestro.
Estas son las diferencias que de verdad cambian la indemnización.
1. El continente ya no es solo la vivienda
En un piso, el continente es prácticamente la vivienda y poco más: los elementos comunes los cubre el seguro de la comunidad. En una casa independiente no hay comunidad que absorba nada, y son continente asegurable cosas que no están dentro de las cuatro paredes:
- Garaje, trastero o caseta exentos del cuerpo principal de la casa.
- Piscina, con su vaso, su depuradora y su instalación.
- Cierre perimetral: muros, vallas, verjas y puerta de entrada motorizada.
- Porches, pérgolas y solados exteriores.
- Instalaciones fijas: placas solares, aerotermia, depósito de gasóleo, pozo o grupo de presión.
- Jardín y arbolado, que muchas pólizas cubren solo con un sublímite pequeño y para causas concretas.
Ninguno de esos elementos se presume. Si no figura en las condiciones particulares, el día que el temporal tumba el muro perimetral la respuesta será que el muro no estaba asegurado. Merece la pena repasarlos uno a uno con la póliza delante en lugar de dar por hecho que "la casa entera" está incluida.
2. El capital se calcula por reconstrucción, no por lo que costó la casa
Es el error más repetido y el más caro. El capital de continente no es el precio de compra, ni el valor de mercado, ni la tasación que hizo el banco para la hipoteca. Es lo que costaría reconstruir la vivienda hoy, con los precios de materiales y mano de obra actuales.
La diferencia no es un matiz. El precio de compra incluye el suelo, y el suelo no se destruye: asegurarlo solo sirve para pagar una prima más alta sin cobrar nunca por ello. Al revés ocurre lo mismo en dirección contraria: en zonas donde la vivienda vale poco pero construir es caro, el precio de compra se queda muy por debajo del coste real de levantarla otra vez.
La estimación razonable es multiplicar los metros construidos por el coste de construcción por metro cuadrado de la zona, y sumar aparte las construcciones anexas del punto anterior. Y es una cifra que se queda vieja: una casa asegurada hace ocho años y nunca revisada está, casi con seguridad, por debajo de lo que cuesta reconstruirla en 2026.
3. La regla proporcional: por qué quedarse corto sale carísimo
Aquí está la consecuencia práctica de todo lo anterior. El artículo 30 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro establece que, cuando el capital asegurado es inferior al valor real de lo asegurado, la aseguradora indemniza en la misma proporción que exista entre ambos.
Con números: un chalet cuya reconstrucción cuesta 400.000 euros, asegurado como continente por 200.000. Está asegurado al 50 %. Un incendio en la cocina causa daños por 40.000 euros. La indemnización no son 40.000 euros menos la franquicia: son 20.000 euros menos la franquicia, porque se aplica ese mismo 50 %.
Lo que casi nadie tiene presente es que la regla proporcional no espera a la ruina total. Actúa en cualquier siniestro parcial, que es la inmensa mayoría de los que ocurren. Una casa infrasegurada no es una casa que cobrará menos si se quema entera, es una casa que cobrará menos siempre. Conviene además saber cómo interactúa con la franquicia de la póliza, porque las dos reducciones se acumulan sobre el mismo siniestro.
Existen pólizas que renuncian expresamente a aplicarla, con cláusulas de compensación de capitales o de valor a nuevo hasta cierto margen de desviación. Es una de las condiciones que más diferencia hay entre compañías y una de las menos comparadas.
4. El contenido y el límite de las joyas
En una casa grande hay más contenido, sencillamente porque hay más sitio donde ponerlo. Pero el capital de contenido no es el único número que importa: importan los sublímites.
Las pólizas estándar limitan las joyas a un porcentaje del capital de contenido, y aplican un tope todavía menor cuando no están en caja fuerte homologada. Los objetos de valor especial, como obras de arte, colecciones, instrumentos o relojes, suelen necesitar declaración individual con tasación para quedar cubiertos por su importe real. Una casa con 30.000 euros en joyas y una póliza que las limita a 3.000 está, en la práctica, sin cubrir. Y las condiciones cambian según cómo se produzca la sustracción, porque robo, hurto y expoliación no son lo mismo para la aseguradora ni se indemnizan igual.
5. Segunda residencia y casa desocupada
Muchos chalets no se habitan todo el año, y la ocupación es un dato que hay que declarar. Una vivienda vacía durante semanas concentra dos riesgos: el robo, y el daño por agua que nadie detecta hasta que ha empapado media planta.
Por eso hay pólizas que reducen o excluyen la cobertura de robo cuando la casa lleva desocupada más de un número determinado de días seguidos. Declarar la casa como residencia habitual siendo segunda vivienda abarata la prima, pero deja la puerta abierta a que la compañía discuta la indemnización. Antes de cada ausencia larga hay medidas concretas que reducen el riesgo, desde cerrar la llave de paso hasta avisar a la compañía, y las repasamos en la guía para dejar la casa preparada.
6. La responsabilidad civil crece con la casa
Es la cobertura peor dimensionada de todas. En un piso, la responsabilidad civil se resume casi siempre en un daño por agua al vecino de abajo. En una casa unifamiliar el abanico se abre:
- Un accidente de un invitado en la piscina.
- Un árbol que cae sobre el coche o la parcela del vecino.
- Daños causados por el perro dentro y fuera de la propiedad.
- Un desprendimiento del muro hacia la finca colindante.
- Accidentes del personal doméstico que trabaja en la casa.
Los capitales de responsabilidad civil que traen de serie muchas pólizas de hogar se pensaron para un piso. Subirlos suele costar muy poco dinero y es de las mejores decisiones que se pueden tomar en una casa con parcela.
7. Riesgos extraordinarios: el Consorcio también depende de tu capital
Las inundaciones extraordinarias, los terremotos y las tempestades ciclónicas atípicas no los cubre la aseguradora: los cubre el Consorcio de Compensación de Seguros, mediante el recargo que ya vas pagando dentro del recibo de tu póliza. Es una cobertura automática y no hay que contratarla aparte.
Pero el Consorcio indemniza sobre los capitales que figuran declarados en la póliza. Si el continente está infrasegurado, la indemnización por un terremoto o una riada se calcula igual de corta que la de un incendio. Las casas aisladas, en pendiente, cerca de un cauce o en zona forestal son precisamente las que más papeletas tienen para acabar en ese supuesto.
Qué revisar en tu póliza esta semana
Con las condiciones particulares delante, cinco comprobaciones concretas:
- El capital de continente, contrastado con el coste de reconstrucción actual y no con lo que costó la casa.
- Que piscina, muros, garaje y anexos aparecen citados expresamente.
- El sublímite de joyas y qué exige la póliza para elevarlo.
- El capital de responsabilidad civil y si incluye piscina, animales y personal doméstico.
- Si la póliza renuncia a la regla proporcional o la aplica sin margen.
Una casa cara asegurada con una póliza pensada para un piso de 80 metros no está mal asegurada por el precio que se paga: lo está por los números que hay dentro. Y esos números se corrigen en cinco minutos, sin esperar al siniestro que los ponga a prueba.